BAJO EL DINTEL.........ULTIMA PARTE
Pero en tu sangre la libertad significaba
algo más ciego que la fuerza de un sismo,
inmaculada en ella misma trazaba sus raíces
entre heridas lejanas
desierta en su grandeza, abominablemente prodigiosa,
insólita por la medida que abarcaba
como una extraña ondulación distante.
Sin embargo, comprendo claramente
la frágil sensación de su fermento
y la destrucción abrasadora que encierra su pureza
desprendida –quizás- de un acto mágico
cuya razón se explica
en la visión de un mundo aniquilado
que compartimos durante muchas tardes.
Estas vacías estancias
son como catedrales no construidas
donde tu cuerpo ausente en una forma
de la sombra fugitiva de sus ábsides,
una vida desierta que no cesa
en la esfera de todos los relojes
en los ojos de huracanes derribados
en los pistilos de una flor hambrienta
cuyas suturas suponen otras bocas
que palpitan en abismos seminales.
Advierto el alba de un nuevo acontecer
donde tus frutos
serán como el esquema propicio del deseo
en oraciones que no fueron dichas
para hastiar los increíbles límites
de estas estancias áridas y turbias
que tu tierna historia modifica
por el caudal que ampara
en su ser desbordante.
Para mi soledad eras como un planeta
que no encontró eclipse previsible,
una instancia de amor desesperado
en la indecisa sucesión de noches
que se despedazaron por tu ausencia
inmersas en la eterna claridad del sueño.
V
Quisiera presentir, de alguna forma,
tu fugaz retorno.
saber que no te has ido,
que permaneces fiel a un medio hostil
y transformado
al entorno de tus cobijas
en medio de las tardes transparentes,
hija de desatinos desmedidos,
víctima ciega de obscuros matrimonios
cuya huella indeleble no sospechas
y su trazo mortal
cifra las sombras de orgullos deplorables.
Cuando te siento cerca
existe un ámbito propicio de música y aromas
como un crisol de ángeles malditos
que hubieran transgredido
la voluntad de un dios inaccesible,
más la frágil presencia del amor inicia
este acontecer donde la espera
es incipiente forma de reposo,
un lapso de ternura
que se agita en una soledad desmesurada.
Que fácil armonía debiera persistir en esta noche
cuyo fin percibo claramente
en trémulos disfraces de exorcismos
que delínean el lánguido perfil de tu mirada
hacia horizontes carentes de certeza
donde el destino juega soliloquios
pletóricos de falsas ironías
que laceran las líneas de mis manos.
Quédate aquí, pequeña hoguera fría,
alma multiplicada de mi alma
estrecho cauce donde aún respiro
en estéril cosecha de sucesos
que permanecen ausentes de memoria
en la historia tan breve
que soportas
de tu huida frustrada
en la existencia que todavía compartes
cotidianamente en la casa de nadie.
Quisiera presentir que no te has ido,
pero el tiempo es algo así como una trampa,
un reto al miedo y al asombro,
una especie de muerte que no cesa
y que nos ve pasar por su caudal infame
sin esperar una señal indigna
que nos detenga o guíe.
Cerraste la derruida puerta
pero mi corazón estaba abierto
a tu retorno precisamente demorado
como un acto
que se repite al infinito
en estos cicloramas que se pierden
en la sola mutante alegoría
de imágenes exhaustas.
Estabas tan aquí, como cualquiera tarde,
probablemente arrepentida,
con un obscuro peso de ominosa culpa
que tratas de compartir con mucha gente
pero los ojos multitudinarios
estaban perdidos en otros quehaceres numerosos
que te impedían ser tú,
explorar la dimensión de tu fracaso
al que tomo como acto de inocencia
que en tu corazón imponderable
justificas y ansías
para lograr un júbilo infantil.
Quisiera presentir que no te has ido,
que te veneraré por muchos años
y que en mis angustias y en mis sueños
serás como un extraño logotipo
que impide la memoria
volver hojas atrás de un libro inexistente
o reconstruir el fuego
con brasas derrotadas por un tiempo coagulado
y restaurar la vida con insolentes transfusiones
que no resuelven nuestra capacidad de muerte.
Permanece un momento:
quédate aquí,
es más fácil prever que el paso de los siglos deja huellas
a olvidar un instante
el vacío voluptuosa de tu sombra.
VI
La verdad de tu ser luminoso
es prueba de sus propios holocaustos
en los que te buscabas por senderos
que te llevaban a hendidos precipicios
y te enfrentaste con íntima bondad
a su reto de arena y tempestades.
Ahora, en reposo, languideces de todos los augurios
Que tu alma acató sin aceptar su continente pétreo
Y te confías a algún objeto pretendido
asombrada del tiempo desastroso
que añade una prófuga línea a la espiral
confluencia de tus palmas.
Si la alquimia signara las sentencias
que pretenden destruir el horizonte
hace ya muchos años nuestros cuerpos
transigieran la muerte
contenida en los poros de todas las substancias
donde un golpe de azar conformaría
los omitidos rostros que nos vieron nacer.
pero nos queda sólo la esperanza
de comprender las luces siderales
que verifican la vasta contingencia
de los futuros campos que enardecen
los zodiacales rumbos,
de las sombras que pueblan esta tierra amarga y devastada.
Tu bondad es alegre como lluvia lustral
dentro del sacramento del bautismo;
una mano muy dulce que se abriera
a extraños peregrinos de labios mutilados
que demandan de su fuente propicia
para calmar su sed inenarrable.
ofreces los cántaros vacíos
con la certeza absurda
de la infinita gracia que contienen
para medir la fuerza
de la fresca ternura que prodigas.
Pero sola tu sombra es un alivio,
un bálsamo de amor inentendible
en cuyas dimensiones fracasan los sonidos
que derriten un prolongado anhelo
de existencias bizarras
que no verán jamás tus alargados ojos
ni lo superará cualquier otro ángel.
VII
Escuchar tu silencio
es como cerrar puertas
muy distantes,
como palpar los cristales rotos y ya opacos
dentro del marco de una sola ventana
que nadie volvió a abrir.
Es algo así como sentir el alba
de un día que no va a ser,
semejante a un nacimiento clandestino
que no tiene esperanza ni pasado.
Tu ausencia es inenarrable:
un eclipse total que no se observa,
la sola soledad de la ternura
que convoca
las rutas de todos los cometas
que al paso de los siglos se transforman
en desechos solares
cuyas caudas absorben diferentes destinos
de inconfesable incertidumbre
reflejada en la angustia de saberte lejana.
Cuando callas recuerdas
a las esfinges disfrazadas
que contienen los fondos de vasos muy antiguos,
a la sombra que proyectan las columnas
de complicados laberintos solitarios.
Te sientes convencida
del paso de un porvenir absurdo
cifrado en las estrías ahítas de tus palmas
cuyo trazo no te pertenece
pero ansías transformar
con determinación definitiva,
en tregua de un amor comprometido
de fracaso y tristeza
con certeza total de tu esperanza
que no tiene vigencia
por esa mala suerte de una sonrisa estéril.
Entonces comprendes la amargura
delgada del entorno
que acompaña a la pasión de un beso
o el deseo impetuoso sin respuesta
congelado en los mares desolados
o en el símbolo dorado de los trópicos.
Pero la vida es sólo una expresión disimulada
que se renueva afanosamente
por encontrar un posible sentido
aunque mustios crepúsculos nos ciñan
con obscuras carencias
y se amplíen trayectorias milagrosas
en la agonía tan frágil de un instante.
Tu silencio es un vuelo espiritual
con el denso drama del olvido
o la amarga promesa del recuerdo
como las armonías de un himno innumerable
en la dispersa claridad de tu alma.











Madeleine De Cubas dijo
Maravilloso debe ser, inspirararle a quien te ama un torrente de sentimientos y emociones tan profundos. Hermoso poema. Tu marido debe quererte mucho. Un saludo.
9 Junio 2007 | 06:32 AM